Reinventarse un viernes cualquiera.
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribí aquí. Demasiado, diría yo. Este proyecto siempre me pareció muy chulo e interesante, una especie de cuaderno de bitácora personal, y me apetece retomarlo. Así que, toma asiento, que arrancamos de nuevo.
Bienvenidos a bordo, marineros y marineras de este viaje. Hoy quiero compartir un episodio que, aunque en su momento no fue sencillo, acabó marcando un antes y un después en mi camino.
Era viernes. Un viernes de esos que parecen normales, pero que terminan dándote la vuelta como un calcetín. Por motivos de trabajo, la empresa en la que estaba tuvo que prescindir de mí. No había sido culpa mía, eran circunstancias externas, pero en ese momento la sensación era rara. Recuerdo perfectamente que iba de vuelta a casa en el metro. El traqueteo del vagón, la gente ensimismada en sus teléfonos, y yo, en medio de todo aquello, reflexionando sobre lo que había pasado.
Lo tuve clarísimo: no podía quedarme de brazos cruzados. Llegué a casa, todavía con la mochila colgando, y siendo viernes por la tarde abrí el ordenador. Me puse a actualizar mi currículum y, casi sin pensarlo, arranqué una búsqueda intensiva de trabajo. Os aseguro que aquel teclado echaba humo. Empecé a escribir a decenas de personas en LinkedIn, presentándome, contando mi situación y ofreciendo lo que sabía hacer. No iba a dejar que un revés laboral me robara las ganas ni la actitud.
Y entonces, de entre todas esas decenas de mensajes, pasó algo que me devolvió la esperanza. Una persona de Tecnoambiente me respondió. Sí, ese mismo viernes. Yo estaba totalmente alucinado y tras un intercambio de mensajes, me dejó su número de teléfono y me pidió que le llamara el lunes.
A partir de ahí, podéis imaginar los nervios durante todo el fín de semana. El lunes llegó y me encontré con el dilema más absurdo y a la vez más humano.
¿A qué hora llamo? Si llamo a las 8, ¿pareceré un ansias? Si llamo a las 12, ¿pareceré un vago que acaba de abrir el ojo?
Después de mucho pensarlo, marqué ese número a las 9:30. Primera llamada: me colgaron. A los pocos segundos, un mensaje: “Llámame por la tarde, por favor”.
Y así lo hice. Por la tarde tuvimos una conversación larga y muy enriquecedora. Le mandé mi currículum actualizado y me dijo que le gustaba mucho mi perfil. La realidad era que, en ese momento, no había incorporaciones previstas en la empresa. Pero sus palabras fueron claras: “Nos gustaría conocerte. Quizás no ahora, pero sí en alguna campaña futura, para ver si encajamos nosotros contigo y tú con nosotros”.
En aquel instante entendí algo que se me quedó grabado: no siempre las puertas se abren al primer empujón, pero el simple hecho de tocarlas ya puede cambiar el rumbo.

Creo que es la primera vez que hago un comentario a través de este medio. Me ha parecido importante tu experiencia como para que no pase desapercibida. Es la única manera de afrontar las situaciones buenas y malas, pensando que no es nada contra ti sino que simplemente estabas ahí. Que sean papeles a escribir del libro de tu vida y que terminada una empiezas otra.
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